En nuestro Gabinete «En Armonía» utilizamos la realidad virtual (RV) con inmersión básica, como una herramienta terapéutica complementaria dentro del proceso psicológico.
Gracias a la RV, podrás enfrentarte a situaciones temidas o evitadas de una forma segura, controlada y progresiva, siempre acompañado/a por el psicólogo.
La realidad virtual permite sumergirse en entornos audiovisuales en 360º (por ejemplo, un avión, una altura o un entorno social) que recrean estímulos similares a los que activan la ansiedad en la vida real. De esta manera, podemos trabajar la exposición con un mayor sentido de presencia, facilitando el aprendizaje y la habituación emocional.
Fobia a volar (aerofobia)
Miedo a las alturas (acrofobia)
Fobia a los perros (cinofobia)
Miedo al mar o a sumergirse (acuafobia)
Miedo a conducir (amaxofobia)
Miedo a hospitales o agujas (fobia médica leve)
Miedo a serpientes o arañas (ofidiofobia / aracnofobia)
Fobia social o miedo a ser evaluado (por ejemplo, hablar en público o exponerse a miradas)
Durante la sesión, el paciente se coloca unas gafas de realidad virtual que proyectan un entorno inmersivo básico.
El psicólogo guía el proceso en todo momento, ayudando a observar las sensaciones, los pensamientos y las emociones que aparecen, sin intentar controlarlas ni evitarlas.
El objetivo no es eliminar el miedo, sino aprender a relacionarse con él de una forma más sana y flexible, ganando seguridad y libertad en la vida cotidiana.
Permite vivir la experiencia temida sin riesgo real, en un entorno controlado y acompañado.
Facilita el progreso gradual mediante distintos niveles de exposición.
Aumenta la motivación del paciente y la sensación de eficacia personal.
Favorece la aceptación emocional y la desensibilización ante estímulos ansiógenos.
Ayuda a practicar Mindfulness y defusión cognitiva mientras se afrontan pensamientos o sensaciones difíciles.
Las gafas de realidad virtual utilizadas en consulta son de tipo inmersivo básico (sin interacción ni movimiento corporal), diseñadas para estimulación visual y auditiva.
Por ello, son especialmente eficaces en fobias visuales o situacionales, pero no sustituyen la exposición real ni el acompañamiento psicológico profesional.
No se recomienda su uso en personas con:
Epilepsia fotosensible o problemas graves de equilibrio.
Mareos frecuentes o vértigo.
Fatiga extrema o consumo reciente de sustancias.
La terapia con Realidad Virtual es un proceso cuidadosamente estructurado que se realiza de manera progresiva, segura y acompañada por el profesional.
Cada sesión está diseñada para ayudar al paciente a afrontar las situaciones que le generan miedo o ansiedad, sin necesidad de exponerse al entorno real desde el primer momento.
1. Evaluación y planificación
Antes de comenzar, se realiza una evaluación psicológica para comprender la dificultad del paciente: qué situaciones le generan ansiedad, qué pensamientos o sensaciones aparecen y cómo suele reaccionar ante ellas.
A partir de esta información, se establece una jerarquía de exposición, es decir, una secuencia de niveles que van desde estímulos leves hasta los más intensos.
💡 Ejemplo: en una persona con miedo a volar, los primeros niveles pueden ser ver un aeropuerto o entrar en un avión detenido, y los últimos, experimentar el despegue o una turbulencia simulada.
2. Psicoeducación y consentimiento
El paciente recibe una explicación clara sobre la técnica y su propósito.
Se aclara que el objetivo no es eliminar el miedo de forma inmediata, sino aprender a convivir con él sin evitarlo, desarrollando confianza y tolerancia emocional.
También se firma un consentimiento informado, donde se explican los beneficios, limitaciones y medidas de seguridad durante el uso de las gafas de Realidad Virtual.
3. Exposición con Realidad Virtual
Durante la sesión, el paciente se coloca las gafas de Realidad Virtual y se sumerge en un entorno 360º que recrea la situación temida.
La psicóloga acompaña todo el proceso, ayudando al paciente a observar sus pensamientos, emociones y sensaciones sin intentar controlarlas, utilizando estrategias basadas en Mindfulness, Aceptación y Compromiso (ACT) y Terapia Cognitivo-Conductual (TCC).
La duración de la exposición suele ser de 20 a 30 minutos, tiempo suficiente para que la ansiedad aumente y luego disminuya de forma natural (habituación).
💬 La clave está en aprender que el miedo puede sentirse sin que nos domine.
4. Reflexión y cierre de la sesión
Al finalizar, se retiran las gafas y se realiza una revisión conjunta de la experiencia:
qué se ha sentido, qué pensamientos aparecieron y qué aprendizajes se han obtenido.
El objetivo es reforzar la autoeficacia y consolidar la comprensión de que la ansiedad no es peligrosa, sino una respuesta que puede manejarse.
En algunos casos, se proponen pequeñas tareas o exposiciones en la vida real entre sesiones, para integrar lo aprendido con la realidad cotidiana.
5. Progresión y resultados
Las siguientes sesiones se adaptan al ritmo de cada persona, avanzando hacia niveles de exposición más intensos a medida que el paciente gana seguridad.
Con el tiempo, la persona aprende a reducir la evitación, afrontar las situaciones temidas con calma y actuar en coherencia con sus valores personales.