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Navidad y ansiedad: cuando las luces no siempre iluminan por dentro

La Navidad suele venderse como una época de alegría, unión y felicidad. Luces, reencuentros, celebraciones, regalos, mesas llenas y sonrisas compartidas. Sin embargo, en consulta psicológica ocurre algo curioso: para muchas personas, la Navidad no trae calma, sino ansiedad. Y no, no hay nada “mal” en ello. ¿Por qué la Navidad puede generar ansiedad? La ansiedad navideña no aparece por casualidad. Suele ser el resultado de varios factores que se activan al mismo tiempo: 1. Expectativas irreales La presión por “tener que estar bien”, disfrutar, ser agradecido, feliz y sociable puede convertirse en una carga. Cuando lo que sentimos no encaja con lo que “deberíamos” sentir, aparece la culpa… y con ella, la ansiedad. 2. Reencuentros familiares complejos No todas las familias son espacios seguros. Conflictos no resueltos, dinámicas antiguas, comparaciones, críticas o silencios incómodos reaparecen con fuerza en estas fechas. 3. Duelo y ausencias La Navidad suele amplificar las pérdidas: personas que ya no están, relaciones que terminaron, etapas vitales que no volverán. La nostalgia y la tristeza se hacen más presentes cuando todo a tu alrededor habla de unión. 4. Soledad Aunque parezca paradójico, la Navidad puede hacer más visible la soledad. Cuando el mensaje social es “estar acompañado”, sentirse solo duele más. 5. Presión económica y social Regalos, comidas, compromisos, viajes… El “deber estar” también tiene un coste económico y energético que no todo el mundo puede o quiere asumir. Ansiedad navideña: no es debilidad, es humanidad Sentir ansiedad en Navidad no significa que seas ingrato, negativo o que tengas un problema grave. Significa que eres humano, que tienes una historia, emociones y límites. El problema no es lo que sientes, sino la lucha interna por no sentirlo. Algunas claves psicológicas para transitar mejor la Navidad No se trata de “eliminar” la ansiedad, sino de relacionarte de otra manera con lo que aparece. 🎄 Permítete sentir No te exijas estar bien. Date permiso para sentir tristeza, cansancio, incomodidad o incluso ganas de aislarte. Las emociones no se apagan por decreto. 🎄 Ajusta expectativas No tiene que ser una Navidad perfecta. Puede ser simplemente suficientemente buena. A veces, bajar el listón es un acto de autocuidado. 🎄 Elige tus batallas No todos los conflictos deben resolverse ahora. A veces, poner distancia emocional o límites claros es más sano que entrar en viejas dinámicas. 🎄 Cuida tu energía No estás obligado a ir a todo ni a estar disponible siempre. Descansar, decir “no” o salir a tomar aire también es parte del cuidado emocional. 🎄 Conecta con lo importante para ti Más allá de lo que “se espera”, pregúntate:👉 ¿Cómo quiero cuidarme en estas fechas?👉 ¿Qué valores quiero sostener, incluso si la ansiedad está presente? Una Navidad más real, más humana Quizá esta Navidad no sea feliz todo el tiempo. Quizá sea incómoda, nostálgica, rara o silenciosa. Y aun así, puede ser honesta. La salud mental no consiste en estar bien siempre, sino en aprender a estar contigo mismo incluso cuando no lo estás. Si la Navidad te genera ansiedad, no estás solo. Y no tienes que forzarte a vivirla como te dicen que debería ser. A veces, el mayor regalo es tratarte con un poco más de comprensión.

Cuando tu mente no para: por qué pensar tanto también cansa

Pensar es una capacidad maravillosa.Gracias a ella planificamos, aprendemos y resolvemos problemas. El problema aparece cuando la mente no se apaga, cuando da vueltas una y otra vez a lo mismo sin llegar a ninguna solución. Pensar demasiado puede manifestarse como: Aunque desde fuera no se vea, esto genera un gran desgaste emocional y físico. Muchas personas intentan solucionarlo “pensando mejor”, controlando los pensamientos o luchando contra ellos. Y sin darse cuenta, entran en un círculo aún más agotador. En terapia aprendemos algo diferente:👉 No todo pensamiento necesita ser resuelto👉 No todo lo que piensas es un hecho👉 Puedes aprender a relacionarte de otra forma con tu mente Cuando dejamos de pelear con los pensamientos y empezamos a observarlos con más distancia, aparece algo muy valioso: espacio mental. Espacio para decidir cómo actuar, para cuidarte mejor y para no vivir atrapado/a en tu cabeza. Si sientes que tu mente va más rápido que tu vida, quizá no necesitas pensar más, sino aprender a escuchar de otra manera. En Sara Perea Psicóloga trabajamos los pensamientos desde su funcionalidad. Aprendemos a identificarlos y entenderlos para que puedas pasar a ser consciente de su irracionalidad.