Pensar es una capacidad maravillosa.
Gracias a ella planificamos, aprendemos y resolvemos problemas.
El problema aparece cuando la mente no se apaga, cuando da vueltas una y otra vez a lo mismo sin llegar a ninguna solución.
Pensar demasiado puede manifestarse como:
Aunque desde fuera no se vea, esto genera un gran desgaste emocional y físico.
Muchas personas intentan solucionarlo “pensando mejor”, controlando los pensamientos o luchando contra ellos. Y sin darse cuenta, entran en un círculo aún más agotador.
En terapia aprendemos algo diferente:
👉 No todo pensamiento necesita ser resuelto
👉 No todo lo que piensas es un hecho
👉 Puedes aprender a relacionarte de otra forma con tu mente
Cuando dejamos de pelear con los pensamientos y empezamos a observarlos con más distancia, aparece algo muy valioso: espacio mental.
Espacio para decidir cómo actuar, para cuidarte mejor y para no vivir atrapado/a en tu cabeza.
Si sientes que tu mente va más rápido que tu vida, quizá no necesitas pensar más, sino aprender a escuchar de otra manera.
La depresión no aparece de golpe: se va organizando en la mente a través de…
La Navidad suele venderse como una época de alegría, unión y felicidad. Luces, reencuentros, celebraciones,…
No se supera ni se olvida: se atraviesa. Implica aprender a convivir con el dolor…
No estás enganchado al móvil: estás huyendo de sentir. Es una conducta aprendida más, y…
La realidad humana funciona de otra manera.
Uno de los temores más frecuentes (y menos hablados) entre las personas que experimentan ansiedad…