Pensar es una capacidad maravillosa.
Gracias a ella planificamos, aprendemos y resolvemos problemas.
El problema aparece cuando la mente no se apaga, cuando da vueltas una y otra vez a lo mismo sin llegar a ninguna solución.
Pensar demasiado puede manifestarse como:
Aunque desde fuera no se vea, esto genera un gran desgaste emocional y físico.
Muchas personas intentan solucionarlo “pensando mejor”, controlando los pensamientos o luchando contra ellos. Y sin darse cuenta, entran en un círculo aún más agotador.
En terapia aprendemos algo diferente:
👉 No todo pensamiento necesita ser resuelto
👉 No todo lo que piensas es un hecho
👉 Puedes aprender a relacionarte de otra forma con tu mente
Cuando dejamos de pelear con los pensamientos y empezamos a observarlos con más distancia, aparece algo muy valioso: espacio mental.
Espacio para decidir cómo actuar, para cuidarte mejor y para no vivir atrapado/a en tu cabeza.
Si sientes que tu mente va más rápido que tu vida, quizá no necesitas pensar más, sino aprender a escuchar de otra manera.
La intolerancia al afecto positivo ocurre cuando sentirte bien también te genera incomodidad, ansiedad o…
Si repites conductas que te perjudican, no es falta de voluntad: son hábitos aprendidos que…
Detrás de la dificultad para poner límites hay miedo al rechazo, culpa y necesidad de…
¿Por qué repites los mismos errores aunque sabes que te hacen daño? No es falta…
La rumiación mental no se soluciona pensando más, sino aprendiendo a salir del bucle sin…
Vivimos en una cultura donde estar ocupado se ha convertido casi en una señal de…