En psicología, existe una idea que necesitamos repetir una y otra vez: todo proceso personal es no lineal. Y, aunque lo escuchamos con frecuencia, nos cuesta integrarlo. Cuando iniciamos un cambio —ya sea mejorar la autoestima, reducir la ansiedad, construir límites o superar una ruptura— solemos imaginar una trayectoria ascendente, estable y perfecta. Algo así como subir una escalera: paso a paso, sin retrocesos.
Pero la realidad humana funciona de otra manera.
Creer que nuestro progreso debería ser constante y sin altibajos es una forma de autoexigencia encubierta. Este pensamiento suele aparecer en frases como:
Desde la Terapia Cognitivo–Conductual, esto se reconoce como una falacia del progreso lineal, una distorsión cognitiva que nos hace interpretar cualquier bajón como un fracaso.
Desde ACT y Mindfulness entendemos que crecer no es avanzar hacia adelante sin mirar atrás, sino volver a tus viejos patrones desde un lugar distinto.
No se trata de recaer, sino de profundizar. Imagínalo como una espiral: regresas al mismo punto, sí, pero con más conciencia, más herramientas y más flexibilidad.
Ahí está el progreso real.
En un proceso psicológico saludable encontrarás:
Todo esto es absolutamente normal. La evidencia nos lo recuerda: la mente cambia a través de la exposición, la repetición, el ensayo y el error, no a través del control rígido.
Porque los patrones emocionales, cognitivos y conductuales se construyen durante años. No pueden deshacerse en pocas semanas. Tu cerebro está aprendiendo nuevas maneras de responder, y ese aprendizaje necesita oscilaciones.
Lo mismo ocurre cuando entrenas un músculo:
El día que estás cansado no significa que hayas perdido lo ganado.
Cada vez que repites un patrón, pero eliges responder de una forma un poco más consciente, estás practicando la flexibilidad psicológica.
Cada vez que te detienes, respiras y eliges tus valores antes que tus miedos, estás avanzando.
Incluso cuando sientes que retrocedes, hay algo muy valioso en marcha:
estás viendo lo que antes hacías en automático.
Eso es crecimiento.
✔ Practica la autoobservación sin juicio
Tu mente no es un juez: es un generador de historias. Obsérvalas, sin obedecerlas automáticamente.
✔ Celebra los pequeños actos valientes
Decir “no”, poner un límite, afrontar una emoción, asistir a terapia… todo cuenta.
✔ Recuerda que los momentos difíciles no significan que “vas peor”
Significan que estás tocando capas más profundas del proceso.
✔ Vuelve a tus valores
Pregúntate:
“¿Quién quiero ser en esta situación, aunque ahora no me sienta bien?”
El crecimiento psicológico no es un camino recto, sino un recorrido humano, imperfecto, lleno de oscilaciones que forman parte del aprendizaje.
No estás fallando si a veces te sientes peor.
No estás retrocediendo porque un día te cueste más.
Estás viviendo un proceso real, con curvas, altibajos y avances auténticos.
Y eso, aunque no lo parezca, es exactamente lo que te acerca a una vida más libre, coherente y consciente.
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