Si te has visto atrapado en ese pensamiento, quiero decirte algo desde el inicio: no estás perdiendo la razón. Estás teniendo ansiedad. Y la ansiedad, cuando se dispara, puede hacer que la mente se vuelva tremendamente convincente.
Como psicóloga sanitaria especializada en ansiedad, veo este miedo con enorme frecuencia. Y aunque la sensación es muy real, la amenaza no lo es.
La ansiedad es un sistema de alarma natural. Nos protege. Pero, cuando está demasiado sensible, empieza a interpretar cualquier sensación física o pensamiento como si fuera un peligro real.
Ahí es cuando aparece el miedo a «volverse loco». No porque estés perdiendo el control, sino porque tu mente está tratando de anticiparse al peor escenario para protegerte.
Este miedo suele aparecer en situaciones como:
Tu cerebro, agotado o activado, empieza a lanzar preguntas alarmistas:
“¿Y si no puedo parar? ¿Y si pierdo el control? ¿Y si me pasa algo en la cabeza?”
Pero estas preguntas son síntomas, no señales de locura.
Esto es importante. En los trastornos psicóticos (esquizofrenia, brotes psicóticos, etc.) la persona no se da cuenta de que su percepción está alterada. No hay miedo a perder la razón… porque ya se ha perdido el contacto con la realidad.
En la ansiedad ocurre exactamente lo contrario: la persona teme perder la razón porque la está conservando.
La lucidez sigue intacta. Lo que falla es la interpretación.
Si vas caminando por un puente alto y sientes vértigo, tu cuerpo no quiere saltar.
Quiere sobrevivir.
Pero tu mente imagina el “¿y si…?” como forma de protegerte.
Con la ansiedad ocurre lo mismo:
El “¿y si me vuelvo loco?” no es un anuncio del futuro.
Es una reacción exagerada del sistema de alarma.
Otro mito muy extendido.
En ansiedad, el miedo a perder el control… no lleva a perderlo.
El cuerpo puede bloquearse (como efecto de la hiperventilación), pero eso no es perder el control mental; es una respuesta fisiológica.
De hecho, la ansiedad suele llevar justo a lo contrario:
hipercontrol, sobreanálisis y vigilancia constante.
Desde la TCC, ACT y la psicología basada en Mindfulness, sabemos que hay varios factores que lo perpetúan:
Evitar todo lo que genere ansiedad (salir solo, conducir, lugares concurridos…) mantiene el mensaje interno:
“Si lo enfrento, pasará algo terrible.”
Escanear cada sensación física o pensamiento aumenta los falsos peligros.
Creer literalmente todo lo que pasa por la mente:
“Si lo pienso, será verdad.”
“Si me da miedo, es porque es peligroso.”
Confundir síntomas normales de ansiedad con señales de trastorno mental.
Afortunadamente, este tipo de miedo responde muy bien al tratamiento psicológico.
Solemos trabajar en varias líneas:
Entender qué es la ansiedad, por qué produce estas sensaciones y cómo funciona la activación fisiológica reduce el miedo en un 50% desde el principio.
No evitar. Acercarse poco a poco a las situaciones temidas para demostrarte a ti mismo que no pasa nada malo.
Cuestionar las conclusiones catastróficas y reemplazarlas por interpretaciones realistas.
Respiración, grounding, aceptación de sensaciones y permitir que la ansiedad suba y baje sin luchar contra ella.
Aprender a relacionarte con tus pensamientos como eventos mentales, no como verdades literales.
Nadie se ha vuelto loco por tener ansiedad.
Nunca.
La ansiedad puede asustar muchísimo, pero no te lleva a la pérdida de la razón.
Lo que te ocurre tiene explicación, tiene tratamiento y tiene salida.
Recuperar la calma y la seguridad es posible. Y empieza entendiendo que tu mente no está fallando: está tratando de protegerte… solo que está siendo demasiado intensa.
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